Hay gente que trae valijas con petrodólares, hay gente que hace cosas más inteligentes: traficar quesos. Delicioso delito transnacional. En el 92 hice contacto con el primer nexo . Incluso el cerebro de la operación, alias El Padrino, abandonó su habitual y frugal cena “vespertina” especialmente para la ocasión. Y más tarde llegaron los nuevos integrantes, el encargado de retratar la escena del delito con sus diversas cámaras y un marsellés abocado a la seguridad del recinto.
Al parecer el equivalente a mis sueños recurrentes con una milanesa a la napolitana, es el de los quesos para los franceses. Hay ciertos mitos respecto a los franceses que circulan por ahi, pero éste sí es cierto: nunca puede faltar después de la cena una tabla de quesos. No podría decírles como debe conformarse una mesa completa, pero nunca son menos de 4 ó 5 variedades las presentes, y en lo posible que estén representadas todas las regiones posibles del país.
Durante la velada contamos con la presencia de dos tipos de Camemebert ( origen: Normandía), sin y pasteurizado – prohibido ésto último en algunos países, pero por favor, mucho más rico ! -, un Coulommiers ( ciudad en la región de Brie, un Camembert gigante o con un sabor muy parecido), un Etorki ( origen: País Vasco), un Crottin de Chavignol ( el más afamado queso de cabra de la région de la Vallée de la Loire) y finalmente un Saint Marcellin ( origen en la región de Dauphiné). Hay un adagio que dice ” Cuanto más oloroso, mejor”. Por ahora seguiré catando. Y digo más, descubrí mi verdadera vocación, ¿ Existe ya la profesión de ”sommelier de quesos” ?
No cabe duda el porque extrañan semejante costumbre, yo también extraño mi porción de “Camembert de cada día”…




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